Mateo levantó ligeramente las cejas, sorprendido.
—Claro.
Lucía y Elías intercambiaron una mirada breve mientras Tara ya caminaba hacia el pasillo del fondo.
Mateo la siguió, la puerta de la oficina se cerró suavemente detrás de ellos.
Mateo se apoyó contra el borde del escritorio.
—¿Todo bien?
Tara tomó una carpeta que estaba sobre la mesa y la abrió con calma, revisando unas hojas.
—Sí.
Mateo la observó unos segundos.
—Entonces… ¿por qué me trajiste aquí?
Tara pasó una página con tranquilidad