El murmullo del comedor llegaba amortiguado desde el otro lado de las puertas, pero dentro de la cocina todo era movimiento.
Cuchillos golpeando tablas.
Sartenes chisporroteando.
Voces dando tiempos.
—¡Dos pescados! —gritó uno de los cocineros.
—¡Tres risottos en camino! —respondió otro.
En el centro de la cocina, Diego revisaba una estación mientras Mateo observaba los tickets que empezaban a acumularse.
Era viernes.
Y el restaurante estaba lleno.
Mateo tomó uno de los pedidos y lo le