El último plato salió de la cocina de Lumina casi a medianoche.
La impresora finalmente quedó en silencio.
Durante unos segundos nadie habló, luego uno de los cocineros dejó escapar un suspiro.
—Sobrevivimos.
Algunos rieron suavemente.
En el pase, Mateo dejó la pinza sobre la mesa de acero y se frotó la nuca.
—Buen trabajo —dijo con calma.
A unos pasos de él, Diego revisaba los últimos platos antes de que salieran.
—No estuvo mal —admitió finalmente.
Mateo levantó una ceja.
—Eso suena casi como