**Punto de vista de Elena**
Había olvidado cómo se sentía el aire fresco después de dos semanas dentro de este hospital. Me senté de nuevo al lado de mi padre, mis dedos alrededor de su mano. Su piel se sentía más fría hoy y me asustó.
Me incliné más cerca y susurré: “Papà, per favore non morire” (Papà, por favor no mueras). Se me cerró la garganta y las lágrimas se derramaron antes de que pudiera siquiera intentar contenerlas. Me limpié la cara con el dorso de la mano, apretando sus manos