**Punto de vista de Elena**
El hospital olía fuertemente a productos químicos y a miedo mientras me sentaba en el banco frío, con las manos temblorosas en el regazo. Cada vez que las puertas del quirófano se cerraban de golpe, una oleada de ansiedad golpeaba mi estómago y me hacía sentir mal.
Lucía se quedó a mi lado, su brazo alrededor de mis hombros, susurrando palabras de aliento. “Saldrá vivo”, seguía diciendo, con su propia voz sonando tensa. "Tu padre es fuerte. No te preocupes, Elena