**Punto de vista de Elena**
“¿Qué?”, grité. Mi pecho se agitaba y sentía como si mi piel estuviera ardiendo.
“¡Estás mintiendo!”, grité, y mi voz resonó en el frío y blanco ático. “¡Eres un mentiroso y una serpiente, y ya no escucharé más estas tonterías!”
Mis manos temblaban tan violentamente que tuve que apretarlas en puños. Todo mi cuerpo estaba zumbando, una mezcla de adrenalina y pura angustia.
"¡Bien!", espeté, dando un paso hacia ella. "¿Lo quieres? ¡Puedes tenerlo! Quédate con mi