**Punto de vista de Stefano**
Cerré la puerta de un portazo detrás de mí y me apoyé contra ella. Debería haber detenido el beso antes de que fuera demasiado lejos.
¡Joder!
Me di la vuelta y empecé a dar puñetazos a la pared una y otra vez hasta que lo único que sentía era el dolor en los nudillos.
Me sacaba de quicio de una forma que me daba ganas de destrozar algo, y si ella no se hubiera apartado de ese beso, juro que me la habría tirado allí mismo.
¿Por qué demonios no puedo controlarme cuan