**Punto de vista de Stefano**
El silencio entre nosotros era tan denso que el único sonido era el tintineo de nuestros tenedores contra los platos.
Elena estaba sentada al otro lado de la mesa, con los hombros encogidos como si quisiera desaparecer. No había dicho ni una palabra desde que nos sentamos, jugando con los huevos, moviéndolos en círculos sin dar un solo bocado.
Dejé el tenedor sobre el plato, me recosté en la silla y rompí el silencio. —Estás muy callada esta mañana.
Ella se encogió