**Punto de vista de Elena**
La verja se cerró de golpe detrás de mí y me quedé allí de pie, con las manos tan apretadas que me dolían los nudillos, sin poder creer que hubiera escapado. Había algo en lo fácil que había sido salir de casa que me parecía extraño, y eso solo me ponía aún más nerviosa.
Me deslice en el asiento trasero del taxi y le di al conductor la dirección de Dante, con el corazón latiéndome a mil por hora, como si acabara de robar algo y estuviera esperando a que me pillaran.