42.
AURORA
La temperatura en la habitación va subiendo, o tal vez es mi cuerpo el que se siente caliente por la cercanía en la que estamos.
Miro sus labios fijamente, deseando probarlos, sentir ese sabor que persistía en mi boca desde ese día.
No me importaba si estaba mal, si era incorrecto. Ya no podía negar lo que sentía cada vez que estaba cerca, cada vez que me tocaba; como ese hilo invisible en mi pecho me acercaba a él, aunque me resistiera.
—Estás jugando con fuego, Aurora, y estoy seguro d