37.
AURORA
Siento como si miles de agujas se hubiesen incrustado en mi cuerpo de las formas más dolorosa posibles.
Abro los ojos lentamente, adaptándome a la luz de la habitación blanca en la que me encuentro. Los sonidos constantes del monitor resuenan en mis oídos, dejándome en claro que sigo dolorosamente viva.
Una máscara de oxigeno se encuentra en mi boca, misma que se empaña cada vez que respiro.
Llevo una de mis manos hacia ella sacándola, respirando más ligera.
No hay nadie en la h