115.
AURORA
La puerta fue abierta de golpe, unos ojos claros, furiosos, nos miran con intenciones asesinas mientras la sangre gotea de su cabello rubio.
—¡Tú, maldita perra, todo esto es tu culpa!
Grita tomando el látigo del suelo, cerrando la puerta con fuerza donde se podían ver las sombras y los cuerpos peleando.
El primer golpe llegó sin aviso, ardiente y feroz. Cahya trataba de ponerse de pie, lo que sea que le hayan dado corriendo por sus venas, debilitándola.
La estaban lastimando y yo tod