Rara vez se puso tímida, y la ternura en los ojos de Leonardo casi se desbordó: —Hemos terminado.
—Bueno... Pues busca otra cosa que hacer, que tengo algo que decirle a Lucía.
—Por cierto, Emiliano se queda a cenar esta noche.
—Bien.
Cuando Leonardo y Emiliano se fueron, Lucía miró a Lucía, que estaba calmando a Yanela.
—Lucía, ¿quieres quedarte a cenar esta noche?
Lucía negó con la cabeza: —No hace falta, no quiero ver a Emiliano.
Emiliano la había salvado antes y ella se lo agradecía, pero sol