Emiliano tenía los ojos bajos, la tristeza se extendía a su alrededor.
Lo único que podía hacer era no molestar a Lucía.
Pero no sabía cómo renunciar a ella.
Si hubiera podido, se habría enamorado de otra mujer durante los años que Lucía había estado en el extranjero.
—Lucía, no puedo hacerlo.
—Ya que no puedes, no nos veamos.
Dijo esto con indiferencia, y Lucía se marchó con pasos rápidos.
Emiliano se quedó quieto y miraba su espalda hasta que su figura desapareció de la vista y retiró lentamen