Lucía asintió con la cabeza en señal de comprensión.
Se acercó a la cama de Emiliano y lo miró en silencio.
El hombre que había dejado una profunda huella en su vida parecía tan vulnerable en este momento.
Se acordó de lo que habían sido, de los bellos recuerdos entrelazados con las dolorosas peleas, haciendo que su ánimo se volviera cada vez más pesado.
Sin saber cuánto tiempo pasó, Emiliano abrió lentamente los ojos.
En cuanto vio a Lucía, se alegró.
—Lucía, estás aquí. —Su voz era débil y ron