Lucía miró con frialdad a Genimo, se dio la vuelta e iba a volver al cuarto privado, pero Genimo alargó la mano y la detuvo: —Señorita Romí, ¿por qué tienes tanta prisa? Solo quería hablar contigo.
Lucía evitó su mano, y su tono se volvió más frío: —No tengo nada que decirte.
Genimo no se dio por vencido: —Señorita Romí, no me apartes. Podemos hablar unos minutos, no te llevará mucho tiempo.
Lucía frunció el ceño: —Señor Guzmán, no quiero hablar contigo. Apártate por favor.
Genimo sonrió con imp