Alice dejó su taza de té y dijo seriamente: —Emiliano, ya eres mayor para casarte. Te he concertado una cita a ciegas, ella está en buenas condiciones, debes ir hoy.
Al oírlo, Emiliano frunció el ceño: —¡Mamá, no me interesa, no me arregles estas citas a ciegas inútiles!
La cara de Alicia se puso azul, no esperaba que su hijo reaccionara así, inconscientemente dijo en voz alta: —¿Qué quieres decir con inútiles? Lo hago por tu bien. Tienes casi treinta años, te dedicas todo el día al trabajo y no