Viernes por la noche, Emiliano llegó al restaurante para la cita a ciegas según la petición de su madre.
La chica se llamaba Mariana Pizarro y llevaba un sencillo vestido blanco, el pelo largo y sedoso, un rostro delicado y un ligero maquillaje que desprendía elegancia.
Mariana sonrió y tendió la mano a Emiliano: —Hola, señor Moreno.
Emiliano respondió con cortesía, y sus ojos se desviaron.
Se sentaron frente a frente y el camarero trajo el menú.
Emiliano lo hojeaba distraídamente, levantaba la