Franco sonrió, mirando con ternura a Lucía: —No muy lejos.
Natalie les miró y sonrió mientras se levantaba: —Sigan hablando, yo voy a comprar el desayuno.
Con eso, salió suavemente de la sala, dejándoles en relativa intimidad.
El silencio volvió a la sala y Franco se sentó en una silla, frente a Lucía.
La observaba atentamente y descubrió que aún estaba un poco débil, pero de buen humor. —¿Cómo estás de salud? ¿Qué dijo el médico?
Lucía sonrió y negó con la cabeza: —El médico dijo que solo estab