Antes de que pudiera terminar la frase, llegó una señal de ocupado del móvil.
Baco se congeló, parpadeó con frialdad.
Se atrevió a colgarle.
—¡Toc, toc, toc!
El secretario llamó a la puerta y entró, al ver la cara adusta de Baco, bajó la voz.
—Señor Santos, el señor Ramos quiere que vayas a su despacho.
Baco frunció el ceño, dijo con frialdad: —¿Por qué me busca?
Baco se enfadó al pensar que después de que Leonardo había venido al Grupo Santos, siempre le apuntaba en las reuniones, criticando lo