Leonardo se sorprendió, luego bajó los ojos, —Lo siento.
—No te avisé... Culpa mía... Permíteme que te cambie el vaso de agua.
—Gracias, señorita Royal.
—De nada.
Jana lo miró fijamente, con el corazón acelerado y las puntas de las orejas enrojecidas.
El calor de su rostro sólo disminuyó cuando entró en la cocina.
Michela se sorprendió un poco al verla, —Jana, ¿qué haces aquí en vez de quedarte con Leo?
—He venido a servirle agua al señor Ramos.
Michela se dio una palmada en la cabeza y se discu