—¡Ah!
Gritó en voz baja, apretando las manos contra el pecho de Leonardo.
—¿Qué haces?
La voz de Natalie estaba teñida de timidez y rabia, había tanta gente a su alrededor pero no se contuvo.
Leonardo miró su cara escarlata y se rio: —Eres mi mujer. Aunque tengo que conocer a ellos, debes acompañarme, ¿no?
Natalie frunció los labios, él tenía razón, pero ella no tenía mucho interés en esas cosas.
Tras dos segundos de silencio, asintió, —De acuerdo.
—Leonardo la cogió de la mano y se giró hacia l