Diez años no son nada en la escala de un edificio, pero son una eternidad cuando se trata de construir una familia.
El sol de junio caía sobre la mansión Blackwood, pero ya no era la estructura fría y gris que recordaba de mis primeros años allí. Los jardines, una vez impecables y casi intimidantes bajo la supervisión de Spencer, ahora estaban invadidos por el caos encantador de la vida: juguetes de madera esparcidos, árboles de magnolia que daban sombra a una mesa de dibujo improvisada y el so