(Narrado por Spencer Blackwood)
La mansión Blackwood nunca se había sentido tan silenciosa como aquella mañana. El aire estaba cargado de una electricidad residual, una mezcla entre el rastro de la tormenta que acababa de pasar y la calma tensa de un campo de batalla tras el cese al fuego. Estaba arrodillado en el sofá, mis manos todavía trabajaban sobre los tobillos de Casey, sintiendo cómo sus músculos, habitualmente tensos por el peso de sus proyectos, se rendían lentamente bajo mi tacto.
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