El sonido de la alerta de emergencia por la radiofrecuencia de la obra no fue un pitido; fue el sonido de mi mundo resquebrajándose. En el momento en que la voz agitada de uno de los capataces mencionó el "Sector B" y "atrapada", mis pulmones se olvidaron de cómo procesar el oxígeno.
Corrí. Olvidé el ascensor, olvidé el decoro, olvidé que era el CEO de una corporación multimillonaria. Bajé las escaleras de emergencia de tres en tres, con el corazón golpeando mis costillas como un animal enjaula