Evana luchaba contra ese hombre y si pesado cuerpo.
Sintió sus labios en su cuello hasta que alcanzó la lámpara, lo golpeó con fuerzas, pero atinó a quebrarla en su cabeza y hacerle un corte en la sien.
El hombre se levantó al sentir lo caliente de la sangre.
—¡Perra!
Evana gritó con fuerzas, Fátima que había llegado y la empleada subieron la escalera.
Cuando Fátima observó la herida en la cabeza de Álvaro se asustó.
—¡Álvaro!
—Está mujer, le provocó y luego me golpeó.
—Mentiroso, intent