—¡Esto es imposible! ¿Qué me dejó a mí? ¡Soy su esposa!
—Ya lo escuchó, señora, la voluntad del finado Andrés Ford fue no dejarle nada —sentenció el abogado
Fátima se levantó, los miraba con rabia, no podía creer que Andrés hubiese cumplido sus amenazas, la hubiese dejado sin nada.
—¡Nunca lo aceptaré, voy a impugnar ese absurdo testamento! No puede dejarle mi casa a esta… —apuntó a Evana, pero vio la mirada de Marcus severa sobre ella—. ¡Mujer! —espetó mordiendo la palabra con rabia.
—¡Bast