—¡¿Tú?! —exclamó la mujer, sus ojos casi salían de sus orbitas.
Delia sonrió.
—Sí, yo, claro, ¿creyó alguna vez que estaría en manos de una insignificante sirvienta? Supongo que no, ahora, escúcheme, quiero cien mil euros mañana mismo, de lo contrario este video parará en las manos de su querido Marcus Ford, y de toda la sociedad, veamos quien vuelve a verla en la cárcel.
La mujer se levantó, pero se detuvo.
—Y si se atreve a hacer algo en mi contra, solo recuerde que no estoy sola, este vid