La mañana llegó más rápido de lo que Isabella habría querido. Apenas había dormido. Después de enviarle ese mensaje a Marcos la noche anterior, esperó durante horas una respuesta que nunca llegó. Su celular seguía en silencio, y con cada minuto que pasaba, el vacío en su pecho crecía. Finalmente, el agotamiento la venció y se quedó dormida con el teléfono en la mano.
Al despertarse, tenía los ojos hinchados y el cuerpo pesado, pero aun así se obligó a arreglarse. No quería que nadie notara que