El día se le hizo eterno a Fernando.
Eterno, pesado, insoportable.
Después de que Marcos salió de su oficina aquella mañana, el silencio de la empresa se volvió un eco que lo perseguía por todas partes. Intentó trabajar, leer correos, revisar informes… pero no podía concentrarse. Todo lo que veía le recordaba a la conversación con Marcos, a las palabras que él mismo se había obligado a pronunciar, a la forma en que tuvo que tragarse los verdaderos sentimientos que hervían dentro de su pecho.
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