El amanecer apenas despuntaba cuando Isabella bajó las escaleras con una maleta pequeña en la mano. Aquel silencio matinal le resultaba extraño. Hacía tanto que no salía de casa con un propósito real que el simple hecho de cerrar la cremallera de una maleta se sentía como un acto de valentía. Había dormido poco, y su mente no dejaba de dar vueltas sobre si aquel viaje era realmente una buena idea.
En la cocina, Sofía revoloteaba de un lado a otro con su mochila al hombro, emocionada como una ni