Marcos subió lentamente las escaleras hacia su habitación. Cada paso resonaba con el peso de sus pensamientos. No sabía si huía de la conversación con su tía o de sí mismo. Cuando finalmente cerró la puerta, apoyó la espalda contra ella y suspiró con cansancio. La noche se sentía espesa, pesada, como si el aire mismo lo obligara a pensar en todo lo que había evitado durante años.
Caminó hacia la ventana, sin encender las luces. La luna iluminaba parcialmente la habitación, y en su reflejo podía