Isabella estacionó el auto frente al edificio y permaneció allí unos segundos, con las manos aferradas al volante. Sentía el corazón golpearle con tanta fuerza que por un momento pensó que no podría moverse.
Respiró profundo.
Tomó su bolso, las llaves que Marcos le había dado y bajó del coche. El aire de la noche era frío, pero no logró apagar el calor que le recorría el cuerpo. Entró al edificio y subió en silencio por el ascensor. Mientras veía los números avanzar, su mente era un torbellino