Isabella entró silenciosa a su hogar, todavía con la brisa fría de la noche rozando su rostro y el eco de las palabras de Fernando resonando en su mente. Cerró la puerta con cuidado, como si temiera que cualquier ruido pudiera romper la frágil burbuja de emociones que la envolvía. El ramo de flores descansaba sobre la mesa de la sala, y ella apenas lo tocó; su atención estaba absorbida por la mezcla de sentimientos que le oprimía el pecho.
Se dejó caer en el sofá, cubriéndose con una manta lige