El motor del coche ronroneaba suavemente mientras avanzaban por las calles iluminadas. Afuera, las farolas proyectaban destellos dorados sobre los edificios y el asfalto húmedo reflejaba las luces como si fueran diminutas estrellas caídas del cielo. Dentro, el silencio estaba cargado de una calma agradable, de esa que queda después de una noche intensa.
Isabella se acomodó en el asiento, aún con el pulso acelerado, y dejó escapar una risa suave.
—Ha sido una noche estupenda —dijo, girando el ro