El restaurante elegido por Marcos estaba en una colina elegante, donde la vista panorámica de la ciudad competía con el resplandor de las luces tenues que bordeaban el camino. Era el tipo de lugar al que no se iba con ropa de oficina ni mucho menos con prisa. Sin embargo, Isabella había salido de la casa con una blusa sobria, pantalón de vestir y su cabello recogido con una coleta baja. Apariencias. Solo eso. Lo que realmente importaba iba doblado, bien guardado, al fondo de su bolso negro.
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