La mansión de seguridad donde Adán mantenía a salvo al pequeño Atlas se encontraba en las afueras de la ciudad, protegida por un bosque de pinos que susurraban con el viento. Zander había cumplido su palabra, o al menos la versión "Perseus" de la misma: le había permitido el coche, el chofer y la ausencia aparente de guardias en el asiento trasero. Sin embargo, Selene no era ingenua. Mientras el vehículo avanzaba por la carretera sinuosa, sentía el peso imperceptible de los dispositivos de escu