El corazón de Selene latía a mil por hora.
Selene observó la enorme mansión que mostraba ante sus ojos, la mansión Perseus, aquella que hacía que la villa de los Ezio pareciera una casucha.
Algo que lograba ponerla aún más nerviosa.
Selene no sabía cómo era, que a pesar de lo enorme que era el lugar, se le hacía tan familiar, más cuando Zander bajó del auto y le ayudó a bajar a ella con una galantería digna de admirar.
―No te preocupes, no estarás sola, la abuela se ha negado a permitir que ell