El secretario Baker, con el rostro impasible de quien ha visto caer y levantarse imperios, los guio hacia un enorme Rolls-Royce blindado de color negro que aguardaba en la salida de la pista privada. El vehículo no era solo un medio de transporte; era una declaración de soberanía.
Al subir, Selene sintió que el aire se espesaba. El aroma del cuero nuevo, mezclado con un sutil rastro de sándalo —el perfume que Zander siempre usaba—, la golpeó como un recuerdo físico.
El silencio absoluto del hab