El aire en la costa de Grecia tenía un sabor diferente; era una mezcla de libertad, salitre y la promesa de un futuro lejos del alcance de las sombras.
Selene dio un fuerte suspiro mientras observaba la imponente silueta de la mansión de los Sartori recortándose contra el azul profundo del mar.
El olor a mar y la brisa cálida la regocijaban por completo, envolviéndola en una calidez que no había sentido en las gélidas paredes de la mansión Perseus. No podía creerlo. Estaba en casa, en su santua