Selene observó a su primo Adán, cuyas manos estaban firmemente sujetas por Kethan.
Adán negaba con la cabeza con una vehemencia desesperada, una clara advertencia de que no cediera, de que no permitiera que el terror la doblegara ante los caprichos de Zander.
Pero Zander, con un movimiento brusco y posesivo, obligó a Selene a apartar la mirada de su familia.
Puso sus manos sobre sus hombros y la forzó a centrarse únicamente en él, en esos ojos verdes que ahora parecían dos pozos de ambición sin