Capítulo 24.
En el salón más grande frente al lago, las luces se habían encendido desde hacía algunos minutos. Piratas, monstruos, personajes místicos y algunos otros con nada más que maquillaje en el rostro se encontraban en el lugar.
La música retumbaba entre las paredes. La decoración, impregnada por el bar, no sólo contaba con alcohol, sino con un grupo de chicas que ofrecían purpurina, y todos querían al menos un dibujo en el rostro.
De repente, las luces se apagaron. Un murmullo de expectación recorri