Capítulo 120.
Lina tomó una respiración profunda al verse frente al mafioso de casi dos metros que cruzaba uno de sus brazos bajo su pecho.
Tenía planeado hacerlo con él primero, pero las manos ya le estaban sudando, viéndose en la necesidad de buscar algo más que eso para darle su atención y no perder el control, en un momento que debía conservarlo.
Las figuras que se formaban por la luz atravesando las cortinas de encaje de la habitación eran una excelente opción. El aroma a jazmín, proveniente de un peq