Margaret
—¿Sabes cómo llegó toda esa sangre a la camisa de Nikolay? —pregunté de una manera increíblemente tranquila, después de comprobar que no tenía heridas.
—No tengo idea, cuando me escribió ya estaba así, además, lo había perdido para cuando llegué.
—¿No tenías que te matara en el momento en el que cruzaras esa puerta?
—No le tengo miedo a morir; sabía en qué me metía cuando respondí su mensaje, tenía las cosas claras —respondió y sus ojos se volvieron igual de fríos qué los de Nikolay,