Margaret
Seguía mirando el techo de la habitación después de mínimo, una media hora.
Claro, pero a diferencia de cuando entré, ahora no estaba llorando por la indiferencia de Nikolay y su frío trato.
Ni siquiera me importaba la frialdad y lo único que en verdad me dolió, fue el sentirlo más cerca y abierto a mí; sentir tus labios y al segundo siguiente, sin siquiera saber la razón, fui tratada con más frialdad y desprecio que mucho tiempo.
Mierda, literalmente me había echado de su oficina.
So