Inmediatamente me puse de pie y salí de la habitación, para tratar escaleras abajo buscando a Margaret.
La localicé justamente en dirección a la sala del local, la cual estaba a menos de tres metros de la mesa donde estaban los hombres de Arnold.
Caminé a pasos agigantados y en pocos llegué a ella, sus ojos se conectaron con los míos con impresión y miedo plasmados en ellos.
—¿A dónde creías que ibas?
Tuvo la decencia de mirar al piso.
—Vamos a hablar de esto después.
—Después —bufó—, siempre