Miré al monitor y aunque no distinguía absolutamente nada de lo que vi, miré fijamente la pantalla.
Me podía preocupar por Nikolay después, primero estaba esto.
—Bien, ahí está… justamente ahí —indicó y sólo cuando apuntó a una pequeña mancha, fue cuando lo encontré.
Lágrimas se sumaron, mientras yo solo las dejé derramarse porque inevitablemente estaba feliz. Muy feliz.
Vamos, esto era prácticamente un milagro, muchas mujeres con mi misma condición nunca llegaban a concebir, pero yo lo había lo