—Nikolay… yo solo estaba…
—¿Husmeando donde no te llaman? —preguntó y se cruzó de brazos, antes de lanzarme una mirada fría y seria.
—Yo solo… —suspiré porque no había excusa para esto, fui encontrada con las manos en la masa, literalmente—, Perdón, Nikolay.
—Volveremos a Moscú —dijo, mientras se acercaba a mí—. ¿Qué acaso no sabes escuchar? —preguntó con ira en sus ojos, mientras movía rápidamente su pierna.
Me miraba de manera muy fija.
—Sí, ¿pero no dijiste que serían al menos 2 semanas?
—L