Encontré a Margaret sentada delante del espejo del tocador, con la mirada perdida.
La pobre había tenido que asimilar muchas cosas y me admiraba de su entereza, pero me preocupaba y me sorprendía que aún siguiera a mi lado.
—Nena —la llamé, pero ni siquiera me prestó atención.
Esta noche se enfrentaría a una cena en casa con mi familia y otros amigos, me había confesado que estaba nerviosa, las cosas con ellos no habían empezado bien y sabía que estaba aprensiva por eso, pero estaba seguro de q