Los ojos de Melisa se oscurecieron antes de mirarme, me acerqué instintivamente a ella.
—Bebé, ella es la tía Margaret, va a cuidar de ti y revisará tu herida mientras yo hablo con tu mami, ¿sí?
El solo asintió y Melisa se puso de pie, antes de dirigirse a la habitación del pasillo. Cabía decir que no tenía la menor duda de que ella no iba a hablar en absoluto.
—Déjame ver eso —murmuré, acercándome el chico que me mostró la herida, tímido.
Había varias marcas de uñas a lo largo de su mano y una